LA TRADUCCIÓN HUMORÍSTICA DE DON QUIJOTE, MÁS ALLÁ DE LA TRADUCCIÓN DE PALABRAS


El artículo «Don Quijote y la traducción de la risa», escrito por John Rutherford, profesor en la Universidad de Oxford, así como traductor literario, analiza la traducción que este mismo llevó a cabo en el 2000 de esta novela cervantina. Esta interesante reflexión, recogida en el Boletín de la biblioteca de Méndez Pelayo, aborda diversos temas que comentaremos a continuación. 


En lo que respecta a la  traducción editorial, cada traductor ofrece una versión de la obra original. En libros tan importantes como El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha los traductores no pueden limitarse a reproducir el contenido exactamente igual que en el texto original, hay que adaptar la obra de manera que no pierda vivacidad y que no sea difícil de seguir para el lector del texto meta. 


Durante el paso de los siglos, ha habido numerosas traducciones de la obra de Cervantes. Dependiendo de la época en la que se haya llevado a cabo la traducción se destacan más unos aspectos que otros. Las traducciones románticas se centraban más en el lado solemne y trágico del original, lo que hacía que la obra resultara aburrida, aunque en el original destacara más el aspecto cómico y satírico. De la misma manera, el humor ha ido cambiando con el paso de todos estos años, es por eso que si una traducción actual de Don Quijote mantuviera el sentido del humor de la versión escrita por Cervantes, al lector de hoy en día no le parecería divertida; por esta razón, el traductor debe adaptar el humor de la obra a la época en la que se traduce, para que el receptor también pueda detectar el sentido del humor del original.


De la misma manera, el traductor no puede limitarse a generar reproducciones de la obra original, sino que de alguna manera debe reinventarla e incluso coescribirla junto al autor. No solo el sentido del humor juega un papel de vital importancia en este tipo de obras, también hay que mantener los detalles lingüísticos para que sean perceptibles en el texto traducido.




Como futuros traductores, este texto ofrece una problemática digna de comentar. Por un lado, John Rutherford coincide con Hans J. Vermeer en que «el principio primordial que condiciona cualquier proceso de traducción es la finalidad a la que está dirigida la acción traslativa» (citado por Nord, 2009), de modo que para él resulta crucial conservar el humor característico de esta obra, huyendo de esa romantización que caracteriza las traducciones anteriores. Esto nos llevó a la pregunta: ¿en qué medida el traductor literario puede alterar la función principal de una obra? Si bien es cierto, este traductor, a diferencia del técnico, posee mucha más libertad, pero esta acaba cuando altera el resultado que el autor pretende crear en el lector. Un buen ejemplo de la teoría del skopos es el que se ofrece al final del artículo, cuando Rutherford explica cómo abordó la traducción de uno de los numerosos chistes que aparecen en la obra. En el original se juega entre las palabras Sarra y sarna, así que en la traducción cambió al personaje bíblico Sarra por Moses y la palabra sarna por noses, para así mantener el humor del original en la traducción.


Por otro lado, la lingüística, como hemos comentado anteriormente, juega un papel crucial en la traducción literaria; en otras palabras, el traductor literario debe controlar a la perfección su lengua de llegada. Nos gustaría destacar como ejemplo de astucia traductora el epitafio que Grisóstomo escribió a Ambrosio. Este presenta un poema en su lengua original de versos octosílabos con rima consonante; mientras que la traducción de este posee versos libres con una rima consonante parcial. No obstante, pese a esta pequeña diferencia, el autor reproduce, en la medida de lo posible, el mensaje original y, lo que es aún más sorprendente, mantiene el tono burlesco de estos versos hábilmente.


En conclusión, este ha sido un buen artículo para empezar a adentrarnos en el mundo de la traducción editorial humorística, ya que hemos podido analizar bastantes ejemplos que representan las dificultades de este tipo de obras y explican cómo hay que abordar las traducciones de libros tan importantes como Don Quijote. Sin duda, es un tema del que se puede investigar y aprender mucho, ya que las complejidades y los elementos lingüísticos usados son muy frecuentes y muy variados.



REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:


Nord, C. (2009). El funcionalismo en la enseñanza de traducción. Mutatis Mutandis: Revista Latinoamericana de Traducción, 2(2), 209–243. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3089531


Rutherford, J. (2005). Don Quijote y la traducción de la risa. BOLETÍN DE LA BIBLIOTECA DE MENÉNDEZ PELAYO, 81(único), 585–606. https://doi.org/10.55422/bbmp.25


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