LA TRADUCCIÓN DE CHARLIE Y EL GRAN ASCENSOR DE CRISTAL: UNA TAREA MENOS GRACIOSA DE LO QUE PARECE


Charlie y el gran ascensor de cristal es una de las obras, aunque no la más famosa, de Roald Dahl. Este divertido libro, continuación de su anterior obra Charlie y la fábrica de chocolate, fue escrito en 1972 para hacer reír tanto a adultos como a jóvenes. Sin embargo, en lo que respecta a su traducción, este deja de ser gracioso, pues entraña una serie de desafíos que el artículo «El humor y otros problemas de traducción en Charlie y el gran ascensor de cristal de Roald Dahl», escrito por Elvira Cámara Aguilera, analiza. 


En líneas generales, la traducción del humor no es tarea fácil. No solo se trata de un trasvase lingüístico, ya que tal y como expone Maher: «different cultures laugh at different things and in different ways» (2011, como se citó en Cámara, 2014). Por tanto, la traducción humorística es una toma de decisiones constantes con el único objetivo de mantener el efecto del texto origen en el receptor meta. En ocasiones, resulta imposible mantener este efecto o nos enfrentamos, como traductores, a problemas. En esta obra podemos identificar problemas relacionados con el humor que entraña ciertos nombres propios con carga semántica, referencias culturales cuya traducción es crucial para mantener el humor, frases hechas con traducciones acuñadas y sin ellas, onomatopeyas, y juegos de palabras cuya traducción requiere ingenio. Para complicar todavía más la labor traductora, hay que tener en cuenta que el público principal del libro es un público infantil y juvenil, así que hay que usar las estrategias y técnicas apropiadas para que no se pierda el elemento humorístico ni resulte confuso de entender. Para hacerlo, se pueden usar técnicas para acercar a los lectores a la cultura de origen, para que así puedan conocer las diferencias culturales; también se puede modificar el texto para que la traducción sea más cercana a la cultura propia del receptor, para así poder tener la certeza de que las referencias culturales no van a resultar confusas, según apunta Anthea Bell.


Charlie y el gran ascensor de cristal (Colección Alfaguara Clásicos) :  Dahl, Roald: Amazon.es: Libros



Resulta bastante interesante analizar desde el punto de vista traductológico ciertos aspectos mencionados en el artículo. A lo largo de este, se presentan diversos cuadros en los que se exponen ejemplos de diferentes fragmentos en lengua original y sus respectivas traducciones al español. En primer lugar, con respecto a los nombres de personajes, la traductora ha optado por la repetición, incluso para aquellos que poseen cierta carga semántica; al usar esta técnica, cualquier juego de palabras derivado de su carga semántica se pierde, es por ello que Cámara propone la naturalización o la adaptación para ellos. Además, creemos que al tratarse de literatura infantil, la traducción de estos nombres, lejos de resultar ridícula, produciría cierta risa. También se exponen unidades de medida, en las que la traductora optó por traducirlas usando estrategias de sustitución, como springing two feet in the air por «saltando unos sesenta centímetros en el aire»; y otros que se decantó por estrategias de conservación, como nearly two hundred miles below por «casi doscientas millas más abajo». Esto resulta confuso, ya que no se sigue un patrón específico e incluso, en el ejemplo de sustitución anterior, se pierde un elemento humorístico al tratar de naturalizar la unidad de medida. Más adelante, se ejemplifican algunas expresiones y frases hechas, con las que hay que ser muy cuidadoso a la hora de traducir, ya que pueden tener una carga humorística que el traductor debe trasladar al texto meta. En este caso, algunas de las traducciones de la traductora son muy acertadas, por ejemplo traducir we’ll be scrambled like eggs! por «¡nos estrellaremos como huevos!», aquí se mantiene tanto el elemento humorístico como la referencia gastronómica. Sin embargo, en otros casos pensamos que podría haberse hecho una mejor traducción, como en el ejemplo I’m happy as a horse in a hay-field! por «¡tan feliz como un caballo en un campo de heno!», en la que se ha hecho una traducción literal mientras que en español existe la frase hecha «más feliz que unas castañuelas», que habría sido más natural.


En general, pensamos que las decisiones de la traductora podrían haber sido mucho más acertadas en algunos casos. Sin embargo, somos conscientes de que la labor traductora en este tipo de textos no es nada fácil, y que las dificultades aparecen constantemente, por lo que hay que tener un gran conocimiento en este tipo de traducciones. El artículo nos ha parecido muy interesante, ya que hemos podido analizar ejemplos exactos así como otras opciones de traducción. Esto nos ha permitido adquirir nuevas técnicas para superar los problemas que puedan ir surgiendo en este tipo de obras.


BIBLIOGRAFÍA


Aguilera, E. C. (2014). El humor y otros problemas de traducción en" Charlie y el gran ascensor de cristal" de Roald Dahl. TRANS: revista de traductología, (18), 107-121.


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